jueves, 19 de diciembre de 2019
Navidad
«La Navidad nos recuerda que el Señor es el principio y el fin y el centro de la creación: en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Es Cristo, el que atrae a todas las criaturas: por Él fueron creadas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas (Jn 1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto sólo lo lograremos aprendiendo de Él»
¿Cuántas veces hemos invocado ya, con el corazón o con los labios: «veni, Domine Iesu»?
¿Aprovechas las luces y los adornos navideños, para pedir que Dios tenga la respuesta que se merece de sus criaturas, de cada uno de los que estamos aquí.? Nuestro Padre nos impulsaba a aprovechar estas semanas para «construir con el corazón un Belén para nuestro Dios. Con mayor ilusión que en nuestros años de infancia, habremos preparado el portal de Belén en la intimidad de nuestra alma».
Dios no solamente se ha inclinado hacia abajo, como dicen los Salmos: ha "descendido" realmente, ha entrado en el mundo, haciéndose uno de nosotros para atraernos a todos a Sí».
El mismo hecho de poner el belén en nuestros hogares expresa «nuestra espera, que Dios se acerca a nosotros (...), pero también es expresión de la acción de gracias a Aquel que ha decidido compartir nuestra condición humana en la pobreza y en la sencillez».
viernes, 29 de noviembre de 2019
Padrenuestro 2
El pan nuestro de cada día dándole hoy: Se refiere al pan material, al alimento, casa y vestido,... médico y medicinas y todo lo material.
Nadie puede servir a dos señores. Por eso os digo: no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. ¿Es que no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Quién de vosotros, por mucho que cavile, puede añadir un solo codo a su estatura? 28Y sobre el vestir, ¿por qué os preocupáis? Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, 29y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. 30Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 31Así pues, no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? 32Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. 33»Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán.
Y el alimento espiritual, la sagrada Eucaristía: humildad de Jesús... más en la hostia Santa. Él nos espera desde hace XXI siglos.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Primero perdonar a quienes nos ofenden: él me ha hecho esto, qué es en comparación con lo que tu has sufrido por mí, por lo que tu me has soportado.
Perdona nuestras ofensas: confesión:
Ex de conciencia... acudir al Espíritu Santo, a la Virgen, al Ángel custodio.
Dolor de los pecados. Dolor de amor, por ser quien es, y por ser nosotros quienes somos.
Propósito de la enmienda, firme, eficaz.
Decir los pecados al confesor... es Cristo. Algunos al confesarse hablan al cura como con Cristo.
Cumplir la penitencia, cuanto antes.
jueves, 7 de noviembre de 2019
Oración
Señor, enseñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Cuando os pongáis a orar decid: Padre nuestro que estás en el cielo,...
Es, por supuesto la oración mejor, más perfecta:
Padre, llamamos a Dios padre, que nos quiere más que todas las madres del mundo. Somos hijos suyos, esto es lo que da razón de nuestra vida.
Que estas en el cielo. El cielo no es un lugar, es un estado. Estar con Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, con todos los Ángeles y Santos. Con toda la maravilla del universo transformado.
Santificado sea tu Nombre: querido y reconocido y alabado por todos los hombres.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo... amar la voluntad de Dios, querer la voluntad de Dios. Ése es nuestro fin. Señor, lo quieres, pues yo también lo quiero... No hemos de querer que Dios haga nuestra voluntad, sino que nosotros hagamos la suya... En la confesión frecuente, en la dirección espiritual, en las indicaciones del Espíritu Santo.
La oración es omnipotente.
La oración ha de ser humilde, confiada, perseverante.
O porque rezamos mal, o porque no nos conviene o porque hemos de perseverar más.
Conviene orar siempre y no desfallecer: por la mañana, por la noche, durante el día... imaginándonos la capilla.
Qué no sabes orar?, dile a Jesús: Sr que no se hacer oración. Y ya has empezado ha hacerla: oración mental.
Hablar de Él, de ti, éxitos, alegrías, ambiciones nobles.
La oración de los hijos de Dios, no la oración de los hipócritas... templo: el publicano y el fariseo.
Pídeme, y te daré las naciones en herencia, y extenderé tus dominios hasta los confines de la tierra. Nos dice el Señor. Y se lo pedimos todo para el, para su gloria.
Acudir al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar. A la madre de Dios, que es nuestra Madre. Y a nuestro Ángel custodio.
sábado, 19 de octubre de 2019
Sinceridad
Dios nos conoce mucho más que nosotros mismos. Penetra en nuestro corazón y en nuestra alma y nos quiere con locura. El conocer lleva al querer. Ese ojo en el triángulo con que a veces se representa a Dios que todo lo ve, no es para producirnos inquietud, sino amor, confianza, porque Dios es nuestro Padre que nos quiere locura. Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. O, que quiero quererte.
Antiguamente, los artesanos tapaban con cera los pequeños defectos de los muebles, y así quedaban, aparentemente, perfectos. Nosotros no hemos de hacer lo mismo con nuestras miserias y defectos ante nosotros mismos, ante Dios ni ante los demás... hemos de presentarnos tal como somos. Pero ser salvajemente sinceros no es ser maleducados. No se trata de expresarse como nos venga bien. La sinceridad no es grosería.
Lo malo no es hacer las cosas mal, sino haberlas mal y pensar o decir que las hacemos bien.
Conócete a ti mismo, decían los sabios griegos, en concreto Sócrates. Tenemos defectos y virtudes; hemos de procurar desarrollar las virtudes y los defectos que vayan desapareciendo, aunque nunca desaparecerán. Se dice que la soberbia muere horas después de morir nosotros.
Santa Teresa decía que la humildad es la verdad. Conocer nuestras virtudes y dar gracias a Dios es muy bueno. Y conocer nuestros defectos también es muy bueno, pues nos ayuda a ser humildes y a querer a los demás con sus defectos, ser comprensivos.
Sinceridad de corazón... rectitud de intención. No ir con intenciones torcidas. Ser sencillos y prudentes.
martes, 15 de octubre de 2019
Liturgia de la Palabra
Y el Verbo -Palabra- de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.
El Concilio Vaticano II expresó que la Santa Misa ha de ser la raíz y el centro de la vida de un cristiano. De modo que hemos de convertir todo nuestro día en una Misa. Eso no es que la Misa dure todo el día, sino que todo lo que hacemos en el día lo ofrezcamos o demos gracias en la Misa que hayamos podido oír, o seguir en la tv o simplemente imaginándola que se ha celebrado en la capilla. No se puede amar nada que no se conoce. Y el modo de conocer al Señor son los Evangelios.
Recordamos que la Misa se divide en dos partes, la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística. En la liturgia de la Palabra se leen y consideran los Salmos y textos del Antiguo y Nuevo Testamento. En la liturgia Eucarística se confecciona la Eucaristía y comulga el sacerdote y se la da a comulgar a los fieles.
La semana pasada hablamos un poco de vida Eucarística, hoy veremos un poco de la Palabra. Pan y Palabra: Hostia y oración. Fides ex auditus.
Recalcamos: podemos tratar a Cristo, mejor dicho, Cristo se nos presenta de dos maneras: en el Pan y en la Palabra.
El Cardenal Ratzinger, citando a San Pablo decía:
A la comunión con Dios se accede a través de la realización de la comunión de Dios con el hombre, que es Cristo en persona; el encuentro con Cristo crea comunión con él mismo y, por tanto, con el Padre en el Espíritu Santo, y, a partir de ahí, une a los hombres entre sí. Esa comunión se realiza mediante los Evangelios y en la Eucaristía.
Los evangelios nos permiten conocer la humanidad del Señor en su paso por la tierra.
No hay que leer los Evangelios como un libro de aventuras por ejemplo, sino como un libro que nos lleve a conocer al Señor y a amarle, a hacernos amigos suyos y de sus amigos: que nos aumente la fe, la esperanza y la caridad.
El Nuevo Testamento se abre con cuatro libros que llevan el mismo título: «Evangelio». Estos libros están en el corazón de la Sagrada Escritura «puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador». La palabra «evangelio», de procedencia griega (euangélion), significaba originariamente «buena noticia».
Al comienzo de su ministerio público, Jesús invitó a creer en el Evangelio del Reino de Dios, la buena noticia del advenimiento del Reino que Él anunciaba y que llegó con Él. Esa buena noticia de la salvación tenía, y tiene, que alcanzar al mundo entero; por eso, al final de su vida terrena, envió a sus Apóstoles a predicar el Evangelio a toda criatura. La predicación apostólica acerca de la vida y las enseñanzas de Jesús es así «Evangelio».
Leyendo los evangelios o lo que podemos oír por la tv, o alguien que nos lo lea, conocemos a Jesús. Hemos de leerlos como metiéndonos en ellos como un personaje que actúa, le dice cosas, le pide, le cuenta lo que le pasa... en público o a solas, como Nicodemo. Imaginándonos como una película en la que somos actores. Nos ayuda a hacer oración.
viernes, 13 de septiembre de 2019
Bautismo. Hijos de Dios. Santidad. Eucaristía
Bautismo.
Por el bautismo, somos regenerados, renacemos por el Espíritu Santo como hijos de Dios, hijos queridísimos de Dios que nos quiere más que todas las madres del mundo quieren a sus hijos.
Ser hijos de Dios nos lleva a querer como quieren los hijos, amar como aman los hijos, a portarnos como se portan los hijos.
En definitiva a ser Santos como nuestro Padre celestial es Santo: sed perfectos como vuestro Padre es perfecto.
Y cómo lograremos ésta meta tan aparentemente inalcanzable?
Es más fácil ser sabio que santo, pero es más asequible ser santo que sabio.
Tenemos los medios: la oración y los sacramentos, y de entre los sacramentos, el más importante, al que se orientan los demás, es la Eucaristía.
Decía sta Teresa que no comprendía a la gente que comentaba que si hubiese vivido en tiempos de nuestro Señor, y hubiera visto su cara, y hubiera oído su voz y hubiera podido hablar con El, entonces sería otra cosa: le querrían de verdad, como los apóstoles o las santas mujeres.
Santa Teresa no lo entendía, porque decía: pero si le tenéis ahí, de verdad, tan real como entonces, con su cuerpo, con sus ojos y labios, con sus manos y pies, llagados como su costado, con su corazón. Con su alma de hombre. Y con su divinidad. Y con él, Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Y también su Madre, que nunca se separaba de él, y San José, que nunca se separaba de los dos. Y los Ángeles, Arcángeles y Principados que le hacen la corte. Y los Santos. El cielo en éste pedacito de tierra.
Tenemos que ser almas Eucaristícas: quizás no podamos ir a la capilla a hacerle compañía, pero sí desde aquí, desde nos encontremos podemos meternos con la imaginación en el Sagrario y decirle que le queremos, que estamos aquí haciendo esto o lo otro... que le ofrecemos éste malestar, o que le damos gracias por esto o lo otro. Que nos ayude a rezar por éste o estotro, que nos ayude a ser serviciales y hacer agradable la vida a los demás.
Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracias para hacer tu voluntad. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda interced por mí.
Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima madre, con el espíritu y fervor de los Santos.
martes, 10 de septiembre de 2019
Paz
Estaban los apóstoles encerrados en el cenáculo, por miedo a los judíos, cuando se les apareció el Señor y les dijo: la paz esté con vosotros.
Todo pensamiento que nos quite la paz no es del Señor, es del demonio. Dios es un Dios de paz.
Bienaventurados los pacíficos porque ellos son hijos de Dios. Y si hijos, herederos, herederos del paraíso.
Casi no la había visto. Era una señora anciana con el coche parado en el camino. El día estaba frió, lluvioso y gris. Alberto se pudo dar cuenta que la anciana necesitaba ayuda. Estacionó su coche delante del de la anciana. Aún estaba tosiendo cuando se le acercó. Aunque con una sonrisa nerviosa en el rostro, se dio cuenta de que la anciana estaba preocupada. Nadie se había detenido desde hacía más de una hora, cuando se detuvo en aquella transitada carretera. Realmente, para la anciana, ese hombre que se aproximaba no tenía muy buen aspecto, podría tratarse de un delincuente. Más no había nada por hacer, estaba a su merced. Se veía pobre y hambriento. Alberto pudo percibir cómo se sentía. Su rostro reflejaba cierto temor. Así que se adelantó a tomar la iniciativa en el diálogo: "Aquí vengo para ayudarla, señora. Entre a su vehículo que estará protegida de la lluvia. Mi nombre es Alberto". Gracias a Dios solo se trataba de un neumático pinchado, pero para la anciana se trataba de una situación difícil. Alberto se metió bajo el coche buscando un lugar donde poner el gato y en la maniobra se lastimó varias veces los nudillos. Estaba apretando las últimas tuercas, cuando la señora bajó la ventana y comenzó a hablar con él. Le contó de donde venía; que tan sólo estaba de paso por allí, y que no sabía cómo agradecerle. Alberto sonreía mientras cerraba el coche guardando las herramientas. Le preguntó cuanto le debía, pues cualquier suma sería correcta dadas las circunstancias, pues pensaba las cosas terribles que le hubiese pasado de no haber contado con la gentileza de Alberto. Él no había pensado en dinero. Esto no se trataba de ningún trabajo para él. Ayudar a alguien en necesidad era la mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado cuando se encontraba en situaciones similares. Alberto estaba acostumbrado a vivir así. Le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor forma de hacerlo sería que la próxima vez que viera a alguien en necesidad, y estuviera a su alcance el poder asistirla, lo hiciera de manera desinteresada, y que entonces... - "tan solo piense en mí"-, agregó despidiéndose. Alberto esperó hasta que al auto se fuera. Había sido un día frió, gris y depresivo, pero se sintió bien en terminarlo de esa forma, estas eran las cosas que más satisfacción le traían. Entró en su coche y se fue. Unos kilómetros más adelante la señora divisó una pequeña cafetería. Pensó que sería muy bueno quitarse el frió con una taza de café caliente antes de continuar el último tramo de su viaje. Se trataba de un pequeño lugar un poco desvencijado. Por fuera había dos bombas viejas de gasolina que no se habían usado por años. Al entrar se fijó en la escena del interior. La caja registradora se parecía a aquellas de cuerda que había usado en su juventud. Una cortés camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que se secara el cabello, mojado por la lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel tipo de sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas de pie. La anciana notó que la camarera estaría de ocho meses de dulce espera. Y sin embargo esto no le hacia cambiar su simpática actitud. Pensó en como gente que tiene tan poco pueda ser tan generosa con los extraños. Entonces se acordó de Alberto... Después de terminar su café caliente y su comida, le alcanzó a la camarera el precio de la cuenta con un billete de cien dólares. Cuando la muchacha regresó con el cambio constató que la señora se había ido. Pretendió alcanzarla. Al correr hacia la puerta vio en la mesa algo escrito en una servilleta de papel al lado de 4 billetes de $100. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota: "No me debes nada, yo estuve una vez donde tú estás. Alguien me ayudo como hoy te estoy ayudando a ti. Si quieres pagarme, esto es lo que puedes hacer: No dejes de ayudar a otros como hoy lo hago contigo. Continúa dando tu alegría y tu sonrisa y no permitas que esta cadena se rompa. Aunque había mesas que limpiar y azucareras que llenar, aquél día se le pasó volando. Esa noche, ya en su casa, mientras la camarera entraba sigilosamente en su cama, para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho con ella. ¿Cómo sabría ella las necesidades que tenían con su esposo, los problemas económicos que estaban pasando, máxime ahora con la llegada del bebé. Era consciente de cuan preocupado estaba su esposo por todo esto. Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, mientras lo besaba tiernamente. Le susurró al oído: "todo va a salir bien, Alberto".
Pero la paz es fruto de la guerra... no he venido a traer la paz sino la guerra. Y qué guerra es esa. Es la lucha contra nosotros mismos. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra sensualidad.
No juzgar, sólo Dios juzga. No tener espíritu crítico. Hace mucho daño.
Cuando pensamos en nosotros, en nuestras miserias, y no pensamos en los demás, en ver qué les gusta, en cómo hacerles felices. Cuando buscamos la felicidad en nosotros mismos, somos unos desdichados. Cuando buscamos hacer felices a los demás, parientes, amigos... somos dichosos. Y más si lo hacemos por Dios y para Dios. El no se deja ganar en generosidad.
Ofrecerle el dolor, las incomodidades, la soledad,... somos felices en la Cruz, con la gracia de Dios, porque somos otros Cristos, el mismo Cristo. Y podemos decir con San Pablo: sufro en mis miembros lo que le falta a la pasión de Cristo. Y entonces tiene un valor infinito... somos corredentores: un pequeño acto, hecho por amor, cuanto vale!