El amor es todo alegría, regocijo y contento, y más cuando el amante está en posesión de la cosa amada.
No es Dios quien nos rechaza, somos nosotros los que rechazamos a Dios, aquí en la tierra y en el cielo.
sábado, 18 de enero de 2020
jueves, 16 de enero de 2020
El cielo
Ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman.
San Pablo tiene también una imagen que es muy interesante: al igual que un gusano se convierte en mariposa, sin dejar de ser el mismo individuo, nosotros nos transformaremos con la resurrección de los cuerpos, porque las almas no mueren y se unirán al cuerpo nuevo, y también el alma será renovada, junto con el cuerpo.
En el cielo también habrá una renovación de todo lo creado. Y estaremos íntimamente unidos a Dios Padre, que es toda la belleza, toda la verdad, todo el bien; a Dios Hijo, que es toda la ciencia, todo el conocimiento, toda la sabiduría; a Dios Espíritu Santo, que es todo el amor, ... aunque todo lo que podamos decir de una persona divina, se puede decir de las tres.
Y será para siempre, para siempre, para siempre, como le gustaba decir Santa Teresa a su hermano Diego, cuando se dirigían a tierras de moros para ser decapitados.
El cielo no es un lugar, sino un estado. No hay espacio ni hay tiempo. Es estar con Dios, con un cielo nuevo y una tierra nueva, con una felicidad, una belleza y un placer que nada en la tierra se acerca ni por asomo. A la vez un amor, un conocimiento, una sabiduría y un placer que produce la verdad, que todo lo de la tierra es sombra, porque sentiremos plenamente como nos ama Dios, nuestro Padre, y si somos hijos herederos de la gloria eterna.
San Pablo tiene también una imagen que es muy interesante: al igual que un gusano se convierte en mariposa, sin dejar de ser el mismo individuo, nosotros nos transformaremos con la resurrección de los cuerpos, porque las almas no mueren y se unirán al cuerpo nuevo, y también el alma será renovada, junto con el cuerpo.
En el cielo también habrá una renovación de todo lo creado. Y estaremos íntimamente unidos a Dios Padre, que es toda la belleza, toda la verdad, todo el bien; a Dios Hijo, que es toda la ciencia, todo el conocimiento, toda la sabiduría; a Dios Espíritu Santo, que es todo el amor, ... aunque todo lo que podamos decir de una persona divina, se puede decir de las tres.
Y será para siempre, para siempre, para siempre, como le gustaba decir Santa Teresa a su hermano Diego, cuando se dirigían a tierras de moros para ser decapitados.
El cielo no es un lugar, sino un estado. No hay espacio ni hay tiempo. Es estar con Dios, con un cielo nuevo y una tierra nueva, con una felicidad, una belleza y un placer que nada en la tierra se acerca ni por asomo. A la vez un amor, un conocimiento, una sabiduría y un placer que produce la verdad, que todo lo de la tierra es sombra, porque sentiremos plenamente como nos ama Dios, nuestro Padre, y si somos hijos herederos de la gloria eterna.
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